
Hola, que tal, ¿como estas? Deberías saber que sueño todas las noches contigo, perdona si te asusta, nunca es mi intención espantarte. Sí, lo sé; tú sólo sueñas conmigo, y no me asusta en lo más mínimo. Jamás nos hemos visto, pero me conoces tan bien; nunca te he tocado, pero sé exactamente que necesitas pronto mi abrazo. Que en la memoria de mi teléfono no está tu número, y tú no sabes de la suavidad de mi piel, o de lo marrones de mis ojos. Nunca hemos juntado nuestros labios, pero si es tan perfecto como en nuestros sueños, no hace falta si quiera poner en duda esto.
Y de tu altura, el color de tus ojos; que algunas veces son marrones, otras negros y en ocasiones azules, no sé nada, desconozco si estás en China, o quizás aquí mi lado. Pero te conozco; me conoces, tu necesidad de libertad es casi tan grande como la mía, y sé que tus ojos miran a los lejos pensando que yo existo.
En algún momento esbozarás cómo crees que luzco, y deberé perdonarte cuando confundas a otras conmigo, solo por tratar de encontrarme. De igual modo, tendré que disculparme por soltar lágrimas por aquellos que no las merecen tanto como tú, y por haberte mirado en los ojos de otro. De uno u otro modo, sé que el pasado no será problema, y cualquier protesta de terceros estará demás cuando nos encontremos.
Por ahora, amor, sólo ansío locamente el momento de encontrarnos.