Es raro, hace menos de
una semana escribí: “No puedo ni siquiera articular palabra, y es que no
entiendo; ni asimilo que se haya acabado.” Tenía ese sabor amargo de cuando
sabes que algo no termino de la forma correcta, o que no debía si quiera
terminar… Resulto no ser así, y me alegro de haber estado equivocada.
La verdad es que tengo
dos meses siendo suya, absolutamente suya. Dos meses sin dormir y dos meses
soñando con nosotros. Poco tiempo, pero cada vez que trataba de alejarme era como
si una fuerza magnética o sencillamente nosotros siendo un poco tercos, nos
traía de vuelta hasta donde estaba el otro.
No le puedo poner
fecha, ni decir cuando ni como comenzó todo, si fue cuando ese amigo con el
cual no tenía mucho contacto me dijo “ve ésta serie” (si fue por eso deberé
agradecer a HBO de por vida), o ese día que caminamos juntos, capaz tuvo que
ver con aquel momento cuando comenzamos a mandarnos imágenes tontas y cómicas
toda la noche, 0 con esas conversaciones sobre volcanes y cosas que nunca
debiste haber hecho, o tiempo después fue ese: “Word can get lots of things”
muy de él que me dejo atontada. Ese mensaje en francés de madrugada, o esa
conversación que duro mil horas por teléfono, o tal vez fue cuando me dijo que
había leído uno de mis libros favoritos, y me mando “La donna e mobile” de
Pavarotti.
Decir que fue acá o allá, con The Cure y Adele en el medio, cuando fue que empecé a enamorarme de él es imposible. Ahorita solo digo gracias porque la gravedad existe (si fue eso lo que nos puso juntos) y porque la química entre dos personas también. Y si bien no puedo declarar que todo va a salir perfecto, me siento feliz de poder intentarlo...
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