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I'm so much better when you're around |
Me enamore de
él antes de saber lo que amor significaba, era mi amigo; mi mejor amigo. Por
esa época donde los niños y niñas suelen tenerse asco y en vez de estar juntos
se huyen; ellos se sentaron a hablar: siempre hablando, soñando, esperando…
Eran los
últimos que buscaban en el colegio, esperar a sus papás se hizo cosa de los
dos, y por eso que pasa y que no se
planea, desde entonces fueron amigos. Entre esos años de colegio se
convirtieron en novios, incluso hicieron planes absurdos de estar juntos quien
sabe hasta cuándo, para después confesarlo a sus padres. Fue mi novio si quiera
antes de entender que significaba ser la “novia” de alguien.
Se separaron
antes de comprender que era ser novios, y que ser novios les había quitado ser
amigos. El se volvió músico, ella más tímida. Las cosas no cambiaron mucho, igual
siguieron siendo inseparables.
Ellos dos y dos
amigos: la mejor amiga de ella, el mejor amigo de él. Cuantas tonterías
hicieron esos cuatro por los jardines
del colegio; tareas, almuerzos en casa de uno y de otro, tardes en un cuarto
riendo, miles de sobrenombres graciosos
y crueles. Y en las fiestas del colegio… A él lo llamaban los más grandes, y
ella; ella lo esperaba a que volviera.
Por esos días entendí que “esperar” por alguien, no solo era esperar a que mi
papá fuese a buscarme al colegio.
En esos meses ella moría por él; él al parecer ya no
la miraba. Pero resulto que si, la seguía mirando como siempre. Ellos iban a
“volver”, como siempre jugando a ser adultos. Pero… ¡¿Cómo volver con tu mejor
amigo?! Quesos, casas, cosas… Peros, paras, porqués: No puedes volver a alguien
que siempre ha estado ahí, o algo así le dijo él a ella. Por esos días entendí
lo que era un desengaño y una traición, de esas que pasaban en las novelas, y
yo tan teatral como puede ser una niña pensé que se había acabado el mundo.
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Conforme
pasaron los años, aprendí realmente las implicaciones de enamorarse, lo que era
tener novio, y por último, un verdadero desengaño y una traición, de esas bien
grandes. Me di cuenta que mi mundo no se había acabado por el niño de cabello
marrón y ojos brillantes, y tampoco por los que siguieron después.
Sin embargo, lo
único constante seguía siendo el niño de rulos, cabello marrón y ojos brillantes,
que mas tarde ya no era un niño, sino un hombre con pinta de bohemio, con una
guitarra en mano, y en vez de ojos brillantes, ojos curiosos.
Hoy cansada de
tratar de entender que es lo que pasa con nosotros, le quite el adjetivo amigo
e igual le quite el de novio, porque
ninguno coincidía. Me cansé de tratar de entender o de buscar un día en el que “converja
lo nuestro” en palabras de Alejandro Sanz, y me propuse a amar la trama y no el
desenlace como dice Drexler…
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